Diferentes personas se preguntan esto de varias maneras:
- ¿Cómo puedo estar seguro de que voy al cielo?
- ¿Cómo puedo saber si mis pecados fueron perdonados de verdad?
- ¿Cuál es el carácter de un verdadero cristiano?
- ¿Cuáles son las marcas de la gracia salvadora?
- ¿Cuál es la diferencia entre un creyente sincero y un hipócrita que se engaña a sí mismo?
- ¿Un cristiano de verdad lucha con el pecado tanto como yo?
- ¿Cómo puedo encontrar seguridad de que soy un hijo de Dios?
Estas son preguntas importantes. Si cometemos un error aquí y asumimos que somos cristianos cuando en realidad no lo somos, nunca tendremos otra oportunidad de corregirlo en las llamas del infierno, ni en los siglos de los siglos de la eternidad. Las Escrituras mismas nos hablan del deber de examinarnos. “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Co 13:5).
La Biblia está llena de ayuda para resolver estas inquietudes:
- Algunas partes de las Escrituras están escritas con este propósito específico, como la primera epístola de Juan. Él explica lo siguiente: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Jn 5:13). Su carta está llena de marcas que distinguen a un verdadero hijo de Dios de los incrédulos.
- Las porciones históricas de la Palabra de Dios están llenas de personajes que se encuentran de ambos lados. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento hay un contraste en Saúl y David, los dos primeros reyes de Israel. A pesar de que a Saúl “le mudó Dios su corazón” (1 S 10:9), lo cual le ayudó a gobernar sobre el pueblo, su triste historia muestra que nunca obtuvo el corazón de un verdadero creyente. David, por otro lado, era un varón conforme al corazón de Dios y un verdadero hijo de Dios, incluso siendo culpable de pecados muy graves. En el Nuevo Testamento, entre los discípulos de Cristo había una diferencia entre Judas Iscariote y Pedro. Judas disfrutó de muchos privilegios, pero nunca fue convertido. Al final, traicionó al Salvador y en lugar de arrepentirse y volverse a Cristo para el perdón de sus pecados, cayó en el desespero y se colgó. Pedro estuvo sujeto a muchas caídas graves, especialmente al negar a su Maestro tres veces, pero al estar verdaderamente lleno de gracia, se volvió a Cristo en fe y arrepentimiento renovados.
- Las porciones experimentales (o experienciales) de la Biblia, en especial los Salmos, expresan los deseos y deleites, las pruebas y desánimos, de un verdadero hijo de Dios. Las almas deberían examinarse para saber si el Espíritu Santo produce los mismos ejercicios en sus almas también.
Incluso después de tener todas estas guías en la Palabra de Dios, el Espíritu Santo todavía tiene que capacitar a las almas para que puedan llegar a una conclusión correcta sobre sí mismas. “Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Ro 8:16). Nuestro propio corazón es engañoso “más que todas las cosas” (Jer 17:9), y muy propensos a buscar conclusiones agradables, pero sin base. Por consiguiente, que el examen propio se haga en dependencia del Espíritu Santo y en oración. “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; examina mi conciencia y mi corazón” (Sal 26:2).
Rev. Keith M Watkins