[Tomado, con subtítulos añadidos, de una ponencia del Rev. H.M. Catwright a la rama de la Sociedad Escocesa Reformada en Inverness, 14 de febrero del año 2000, El principio regulador].
1. Promover la Reforma de la iglesia y su regreso a sus orígenes apostólicos.
El principio regulador de la adoración tiene una importante tarea promoviendo la Reforma y haciendo volver a la iglesia a sus orígenes apostólicos como se encuentran en las Escrituras, la cual es nuestra norma. Como lo dijo Cunningham [The Reformers and the Theology of the Reformation (Los reformadores y la teología de la Reforma), pp. 36, 37]:
Encontramos en las Escrituras un gran principio general claramente definido y apropiado a la dignidad e importancia del tema con el cual se relaciona, la administración correcta de la iglesia de Cristo—un principio “majestuoso en su simplicidad”. Aplicamos este principio a la masa de inventos triviales ideados para mejorar y adornar a la iglesia y por medio del mismo los desechamos todos.
2. Promover la unidad
El principio regulador de la adoración tiene un trabajo importante qué hacer en promover la unidad. Esto se relaciona con la adoración a Dios, la función más importante de la Iglesia. Los Salmos pertenecen a la Iglesia universal. Los himnos son sectarios y divisivos. Como vuelve a decir Cunningham sobre el principio en general:
Si todas las iglesias protestantes hubieran cordialmente adoptado y seguido fielmente este principio, que es simple y al mismo tiempo completo y autoritativo, ciertamente se habría evitado innumerables males y muy probablemente hubiera hecho mucho bien. Existe un buen fundamento para creer que, en ese caso, las iglesias protestantes hubieran estado todo este tiempo mucho más unidas y más activas y exitosas en su oposición contra sus grandes enemigos comunes, el papado y la infidelidad, y en hacer avanzar la causa de su Maestro y Señor común.
3. Asegurar la libertad cristiana
El principio regulador de la adoración también tiene la importante tarea de que el pueblo de Dios permanezca libre de las imposiciones de los hombres, tanto en el gobierno eclesiástico como en la adoración. Calvino [Institutes (Institución) IV. 8. 1] dice:
Si concedemos sin reservas a los hombres todo el poder que crean adecuado asumir, es fácil ver cuán pronto eso degenerará en una tiranía, lo cual es completamente ajeno a la Iglesia de Cristo.
4. Guardar a la iglesia de un subjetivismo malsano
El principio regulador de la adoración tiene una tarea importante qué hacer en guardar a la Iglesia de un subjetivismo malsano en la doctrina, la experiencia y el ejercicio de la autoridad de la iglesia. Estos son los estándares objetivos bíblicos a los cuales se puede y se debe apelar en cuanto a todas estas áreas. El pastor David Fountain, que defendió la obra pionera de Isaac Watts introduciendo los himnos, comenta que las cosas se han ido al otro extremo: “Estamos volviendo a la Edad Media donde cada idea imaginable se usaba para popularizar el cristianismo y el efecto en ese momento era alterar el mensaje y prescindir de su poder”. William Young ofrece los siguientes argumentos:
El principio regulador, al ser aplicado, proporciona objetividad en la adoración (…) conformidad a la Ley de Dios, en lugar de (…) subjetivismo en la adoración (…) La adoración que no procede de la voluntad revelada del Señor, sino de los deseos, inclinaciones, imaginaciones y decisiones de los hombres (…) es precisamente lo que los reformadores y los puritanos llamaron ‘adoración de la voluntad’. [The Puritan Principle of Worship, (El principio puritano de la adoración) pp. 16-17].
5. Honrar a Dios con la sumisión a Su autoridad
Por último, honra a Dios porque testifica del hecho de que la Iglesia reconoce la autoridad de Dios en todas las cosas. ¿Por qué hacemos esto o aquello? Porque en verdad queremos que se haga la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo.
Si no concordamos con el resto del “cristianismo” recordemos que, el hecho de que haya ocurrido un alejamiento casi universal de lo que fue la posición reformada general sobre algún principio en particular, no invalida ese principio ni debería silenciar críticas en contra de que el mismo se haya abandonado.
Criticar algo deficiente en la adoración de otros no significa que neguemos la realidad de que todavía podemos adorar deficientemente y tampoco significa que la pureza en la forma externa de la adoración nos haga inconscientes de la deficiencia en nuestra propia adoración en otros aspectos. El objetivo debe ser una adoración que es tanto en Espíritu como en verdad. Examinémonos todos.