Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia

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Home » Acerca de » Qué defendemos » Distinciones entre los hombres y las mujeres

Distinciones entre los hombres y las mujeres

  • La confusión actual
  • Los hombres y las mujeres tienen el mismo valor
  • Los roles distintos de los hombres y las mujeres
  • Las mujeres guiando las reuniones de oración en la iglesia
  • La resolución del sínodo en cuanto a las distinciones en la apariencia
  • Vestimenta distinta para el hombre y para la mujer
  • El cabello largo para la mujer — el cabello corto para el hombre
  • Cobertura de la cabeza para la mujer

La confusión actual

Una de las características de la desviación total de las Escrituras y de sus estándares en años recientes en la sociedad occidental ha sido la confusión de la distinción entre hombre y mujer. 

Esto culminó en que nación tras nación legislara el llamado “matrimonio igualitario”—una contradicción de términos, pues el matrimonio es por definición entre un hombre y una mujer. Fue instituido por Dios en la creación y las Escrituras no pueden quebrantarse: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn 2:24). Ningún estatuto u opinión de los hombres puede cambiar esto. Las relaciones entre un hombre y otro hombre o entre una mujer y otra mujer, no importa cuán “fieles” y “leales” digan ser, no son un matrimonio real. Ningún acto del parlamento podrá cambiar eso. El proceso de confundir las distinciones entre el hombre y la mujer no comenzó súbitamente con la reciente aprobación de las relaciones innaturales homosexuales. Ha venido sucediendo por largo tiempo. La Palabra de Dios dice inalterablemente: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn 1:27). Hemos confundido esta distinción ordenada por Dios durante años, tanto dentro como fuera de la Iglesia visible. La enseñanza clara de la Palabra de Dios se desechó, incluso entre muchos que profesan ser piadosos, como lo demostrarán los siguientes enlaces. 

Los hombres y las mujeres son de igual valor

Insistimos en la igualdad de dignidad y valor entre los hombres y las mujeres, tanto ante nuestros ojos como ante los ojos de Dios. Es importante enfatizar esto. Una de las falacias de nuestros días es condenar el insistir en una distinción como una forma de discriminación. Hay diferencias entre los hombres y las mujeres. Tienen papeles distintos asignados por Dios en la sociedad, en la iglesia y en la familia. Si se siguieran estas distinciones y tanto los hombres como las mujeres se sometieran al orden del Creador, ambos serían valorados según su verdadero y equiparable valor. Si desea saber más visite, Los hombres y las mujeres tienen igual valor.

Los papeles distintos de los hombres y las mujeres 

Los hombres y las mujeres tienen el mismo valor. Eso no quiere decir de ningún modo que tienen los mismos papeles, funciones y responsabilidades. Son diferentes porque Dios los hizo diferentes. En Su Palabra, Dios declaró cómo todo hombre y mujer, niño y niña debe hacer notar las distinciones entre los hombres y las mujeres en todo el mundo. Esto se explica en el siguiente enlace: Los papeles distintos de los hombres y las mujeres, donde se explican los principios bíblicos del liderazgo masculino y la sujeción femenina y se aplican específicamente a los papeles del hombre y de la mujer en el matrimonio y en la Iglesia. 

Las mujeres guiando la oración en la iglesia

Entre aquellos que están de acuerdo en que las mujeres no deben convertirse en ministros, ancianas o diaconisas y están de acuerdo en que no deben predicar, hay algunos que piensan que se puede llamar a las mujeres a guiar la oración durante la adoración. Pero esto tampoco es bíblico, como lo demuestra el siguiente artículo: ¿Las mujeres pueden dirigir la oración pública?

Resolución del sínodo sobre las distinciones entre los hombres y las mujeres en su apariencia

Después de 1970, el sínodo de la Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia emitió una resolución que presenta la enseñanza bíblica sobre las distinciones entre los hombres y las mujeres, en particular con relación a su apariencia. A medida que los estándares de la sociedad declinan en estas áreas, el sínodo reafirmó la resolución en dos ocasiones, en 1983 y en 2003. La resolución, que hace continuar la perspectiva de la iglesia, es la siguiente:

Hay evidencia de que la “permisividad” de la época ha influenciado a la Iglesia. Este es el caso particular en lo que respecta a la vestimenta de la mujer y en los peinados tanto de los hombres como de las mujeres. 

La Palabra de Dios demanda que las mujeres se vistan modestamente y el sínodo insta a las mujeres de la iglesia a seguir este consejo. No solo demanda modestia, sino también distinción entre los dos sexos. La práctica de los hombres y las mujeres de vestir ropa que borra esta distinción es muy contraria a la Palabra de Dios y la declara expresamente como una abominación delante de Él. “No se pondrá la mujer prendas de hombre ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que hace esto” (Dt 22:5). 

La Palabra de Dios enseña claramente que el cabello de la mujer debe ser largo y el cabello del hombre (y los niños) corto. Largo y corto es algo relativo. Argumentar desde allí que este asunto no se puede determinar es calumniar solemne y gravemente la sabiduría divina. “¿No os enseña la naturaleza misma que al hombre le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, si la mujer se deja crecer el cabello le es honroso, porque en lugar de velo le es dado el cabello” (1 Co 11:14-15). 

Por lo tanto, la Iglesia debe condenar estas prácticas como contrarias a la Palabra de Dios y dirigir al pueblo a buscar la gracia del Señor Jesucristo para que los capacite para vivir sin mancha en el mundo. 

Vestimenta distinta para el hombre y para la mujer

El mandato de Dios de distinguir al hombre y a la mujer se extiende a su apariencia y es incluye la vestimenta que usan. Deben vestir ropa distinta, los hombres y los niños deben vestir ropa distintivamente masculina y las mujeres y las niñas deben vestir ropa distintivamente femenina. Este requisito bíblico se muestra en el contexto de la enseñanza bíblica sobre la vestimenta en el siguiente enlace: Vestimenta distinta para el hombre y para la mujer. Después de explicar el origen y los objetivos de la ropa, la prohibición de Deuteronomio 22:5 se examina, demostrando que los hombres no deben vestir ropa de mujer y las mujeres no deben vestir ropa de hombre, como pantalones. 

Cabello largo para la mujer—cabello corto para los hombres 

Es temible ver el grado en el cual el mundo ha entrado en la Iglesia que profesa a Cristo. Que las mujeres tengan el cabello corto va “contra naturaleza”—al igual que el hecho de que los hombres del mundo tengan el cabello largo. Pero para aquellos que profesan ser cristianos hacer lo mismo no solo es antinatural, sino también desobediencia al Salvador del cual que afirman que murió por ellos. Si murió por ellos, lo hizo para que tuviera un pueblo que lo obedeciera. Él “se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tit 2:14). 

Un artículo más extenso sobre este tema, para explicar lo que muchos parecen no saber y que parecen no querer saber, sobre la voluntad del Salvador sobre el cabello se puede encontrar en este link: Cabello largo para la mujer y cabello corto para los hombres.

Cobertura de la cabeza para la mujer

Esta es otra área en la cual las distinciones entre hombre y mujer que eran casi universalmente aceptadas hasta no hace mucho, ahora son casi universalmente rechazadas, incluso por muchos de los que dicen seguir las Escrituras. Existió un tiempo en el que ninguna mujer iría a la iglesia sin sombrero—y siempre lo tendría durante el servicio. En cuanto a los hombres, por otro lado, si usaban sombrero o gorro en otros momentos, se los quitaban cuando iban a la iglesia. ¿Qué cambió? Una cosa es cierta: Las Escrituras no han cambiado. Aún dice lo que siempre ha dicho: “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta afrenta su cabeza. Mas toda mujer que ora o profetiza con la cabeza no cubierta afrenta su cabeza, porque es lo mismo que si estuviera rapada. Porque si la mujer no se cubre, córtese también el cabello; y si le es deshonroso a la mujer cortarse el cabello o raparse, cúbrase. Porque el varón ciertamente no debe cubrirse la cabeza (…) Por lo cual, la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza (…)” (1 Co 11:4-7, 10). Se está escribiendo un artículo para explicar esto en mayor detalle. 

Por el Rev. Keith M. Watkins

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