Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia

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“Has dado a los que te temen bandera que alcen por la verdad. Selah” (Sal 60:4)

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La forma correcta de adorar

Si desea saber más sobre el patrón de nuestros servicios, visite Orden del servicio. Aquí presentamos los principios que deberían formar la base de toda adoración cristiana. Si bien reconocemos nuestras debilidades en esto al igual que en todo lo demás, procuramos por medio de la gracia de Dios, adorar conforme a estos principios bíblicos. Estas son las razones por las cuales adoramos como lo hacemos. 

  • La adoración debe centrarse en Dios
  • La adoración debe regularse por las Escrituras
  • La adoración debe conducirse con reverencia
  • La adoración debe reconocer el Sábado cristiano
  • La adoración debe depender de Cristo como el Mediador
  • La adoración debe ser ordenada
  • La adoración debe venir del corazón
  • La adoración debe enfocarse en la Palabra de Dios 
  • La adoración debe incluir los sacramentos del Nuevo Testamento
  • La adoración no debe ser litúrgica
  • La adoración no debe ser “carismática”

La adoración debe centrarse en Dios

Las Sagradas Escrituras nos dicen que debemos hacer todo para la gloria de Dios, incluso cuando comemos y bebemos a diario (ver 1a de Corintios 10:31). ¡Cuánto más debe ser cuando nos reunimos para adorar! En los servicios de adoración nos congregamos para glorificar a Dios principalmente, no para reunirnos los unos con los otros y tampoco para entretener a la congregación. El primer mandamiento dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex 20:3). Adoración—del latín “ad-orare”—quiere decir reverenciar o rendir culto a este Dios trino, centrando toda la atención en Él, que dijo: “Yo, Jehová, este es mi nombre, y a otro no daré mi gloria ni mi alabanza a esculturas” (Is 42:8).

La adoración debe regularse por las Escrituras

Dios no dio a la iglesia la libertad de inventar su propia adoración. Más bien, ha puesto en Su Palabra exactamente qué debe hacerse. El principio bíblico y reformado es que lo que no se manda no debe hacerse (Dt. 12:32 y Mt. 28.20). 

El segundo mandamiento comienza diciendo: “No te harás imagen” (Ex 20:4). El Catecismo menor explica correctamente que esto prohíbe “la adoración a Dios por medio de imágenes, o por cualquier otro medio que no esté autorizado por su Palabra” (P. 51). Todo en la adoración debe tener una justificación divina y bíblica. No debe añadirse nada más.

Por esta razón, en la adoración no cantamos otras canciones que no sean los Salmos dados por inspiración divina y tampoco utilizamos instrumentos musicales. No debemos observar la “Navidad” ni la “Semana Santa”, pues si bien el nacimiento, la muerte y la resurrección de Cristo están en las Escrituras, no se nos dice que hay que distinguirlos para conmemorarlos cada año. Tampoco debemos tener imágenes de ningún tipo en nuestras iglesias—ni imágenes de Dios, de Cristo, ni del Espíritu Santo, tales como cruces, crucifijos o palomas. No debemos tener bailes, teatro, procesiones, solistas, coros ni ninguna otra invención humana empleada por tantos hoy en día. 

Más bien, debemos hacer solo lo que el Señor Jesucristo, la única Cabeza de la Iglesia, nos ha dicho que hagamos en Su Palabra. Debemos cantar solo los Salmos de las Escrituras. Debemos orar. Debemos leer y predicar las Escrituras. Debemos administrar los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor. La simplicidad de la adoración bíblica sin adornos puede parecer extraña a aquellos que no están acostumbrados a ella. Eso solo pasa porque la adoración de muchas iglesias se ha alejado de la Biblia. Incluso los que dicen ser reformados en doctrina no pueden afirmar ser reformados en adoración. Visite El principio regulador de la adoración si desea conocer más sobre este tema vital. 

La adoración debe conducirse con reverencia

El tercer mandamiento nos prohíbe tomar el nombre de Dios en vano (ver Ex 20:7). El Catecismo menor explica el alcance de lo que se demanda: “El tercer mandamiento exige el uso santo y reverente de los nombres, de los títulos, los atributos, las ordenanzas, la Palabra y las obras de Dios” (P. 54). Los servicios de adoración deben enfatizar la reverencia. Un sentido de la majestad de Dios que se ha perdido en la atmósfera relajada e informal de muchas iglesias hoy en día, donde el humor y la trivialidad se han vuelto normales. Como resultado, la reacción de algunos al presenciar una adoración bíblica por primera vez es pensar que es demasiado formal y solemne. Pero esto no es formalidad. La adoración a Dios es un asunto serio en el que debemos mostrarle el honor y la reverencia debidos a Aquel a quien tenemos que dar cuentas. “Dios temible en la gran congregación de los santos y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él.

(Sal 89:7). El Dios inmutable declaró: “En los que se acercan a mí me santificaré” (Lv 10:3). 

Una manifestación particular de reverencia es estar de pie para orar, lo cual es la postura más bíblicamente apropiada para la oración pública. Sentarse en esos momentos muestra una falta de respeto a Aquel a quien oramos. Esto no tiene nada que ver con nuestra cultura o preferencia. Fue el Señor Jesús que dijo: “Y cuando estéis orando” (Mc 11:25). La palabra griega que se traduce “estéis”, es στήκετε y se refiere a estar de pie”. Lea más sobre esto en Ponerse de pie durante la oración. 

La adoración debe reconocer el Sábado cristiano

Si bien hay reuniones de oración y a veces otros servicios en otros días de la semana, debemos reconocer la vigencia perpetua del cuarto mandamiento: “Te acordarás del día del sábado para santificarlo” (Ex 20:8). Por lo tanto, enfatizamos la adoración del Sábado cristiano, el primer día de la semana, llamado Día del Señor en conmemoración de la resurrección de Cristo en ese día. A no ser por motivo de realizar obras de necesidad y de misericordia, se debe pasar el día entero adorando públicamente en una iglesia y privadamente en casa. Ningún otro día es santo en esta dispensación del Nuevo Testamento. 

Las llamadas festividades del calendario de la iglesia no deben ser reconocidas por los cristianos. Nadie puede negar que las Escrituras no mandan a celebrar la Navidad, la Semana Santa y todo lo demás. Por lo tanto, no deben observarse. Son “fuego extraño” tomado del paganismo y del papismo, y fueron impuestos a la iglesia por los hombres. Ser libres de estas ceremonias creadas por los hombres no es ser demasiado estrictos. Más bien, esta es la verdadera libertad cristiana, pues “Dios es el único Señor de la conciencia, por tanto, en asuntos de fe y adoración, la ha dejado libre de doctrinas y mandamientos humanos, que sean contrarios a su Palabra o añadidos a ella” (Confesión de fe de Westminster 20:2).

Si desea saber más sobre la vigencia perpetua del Sábado, visite ¿Por qué el Sábado debe guardarse todavía? Para saber más sobre guardar el Sábado, visite ¿Cómo debe guardarse el Sábado? Si desea saber más sobre el cambio del día del séptimo al primero, recomendamos ver El cambio de día.

La adoración debe depender de Cristo como el Mediador

Hay pecado en todo lo que hacemos. Ninguna adoración es aceptable delante de Dios a menos que sea ofrecida por medio de Cristo como Mediador. No hay acceso a Dios en la adoración excepto a través de Él. La adoración, como cualquier otra actividad cristiana, debe hacerse por medio de la fe—la fe en Jesucristo. En su adoración, los cristianos ofrecen “sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo” (1 P 2:5). 

La adoración debe ser ordenada

La mayoría de la adoración hoy en día se ha convertido en algo demasiado informal y desordenado. Pero la norma bíblica nunca cambió: “hágase todo decentemente y con orden” (1 Co 14:40). “Dios no es Dios de confusión” (1 Co 14:33). Por lo tanto, los servicios de adoración deberían seguir un patrón regular donde los diferentes aspectos de la adoración están balanceados y donde se les da su debida importancia. Ver Orden del servicio para saber qué puede esperar al asistir a un servicio de la Iglesia presbiteriana libre. Nuestra forma de adoración sigue los principios generales encapsulados en el Directorio para la adoración pública de Dios producido por la Asamblea de Westminster en 1645. 

La adoración debe venir del corazón

Si, las Escrituras deben regular todo lo que se hace en la adoración, incluso en lo externo abarcando incluso la postura. Sin embargo, Dios mira sobre todas las cosas el corazón y condena a todo aquel que se acerca a Él con sus labios, pero cuyo corazón está lejos de Él. La verdadera adoración es espiritual y viene desde adentro. “Dios es Espíritu; y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que lo adoren” (Jn 4:24). La verdadera adoración solo puede venir de corazones regenerados unidos a Cristo por la fe (ver Proverbios 15:8 y 21:27). 

La adoración debe enfocarse en la Palabra de Dios 

Las iglesias reformadas enfatizan la Palabra de Dios cantándola, leyéndola y predicándola. Puesto que se cree en la primacía de la predicación como el mayor medio de gracia, tanto para convertir a los pecadores como para edificar a los santos, la predicación toma la mayor parte de nuestra adoración, una hora aproximadamente en los servicios del Sábado cuando hay un ministro. “El Espíritu de Dios hace que la lectura, y, más especialmente, la predicación de la Palabra, sean medios eficaces de convencer y de convertir a los pecadores, y de edificarlos en santidad y consuelo, por medio de la fe, para la salvación” (Catecismo menor de Westminster, P.89).

La adoración debe incluir los sacramentos del Nuevo Testamento

Una de las marcas esenciales de una rama verdadera de la iglesia visible es la administración bíblica de los dos sacramentos del Nuevo Testamento: el bautismo y la Cena del Señor. Ambos son distintivos de una profesión de gracia, pero también son medios de gracia. El Señor no solo muestra Su gracia por medio de ellos como señales, sino que también transmite Su gracia por medio de ellos a Sus elegidos como sellos. 

El bautismo, el cual toma lugar en el Antiguo Testamento como la circuncisión en la administración del pacto único de gracia, debe administrarse no solo a aquellos que profesan la verdadera religión (que no han sido bautizados), sino también a sus hijos. Si desea saber más sobre esto, visite Recipientes del bautismo. La idea de la regeneración bautismal, de que el bautismo con agua automáticamente efectúa la regeneración espiritual en el alma, debe repudiarse por completo. El bautismo se administra con agua y nada más, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Al ser una señal del “lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo” (Tit 3:5), es administrado correcta y más bíblicamente a través de la aspersión o derramamiento. Para más información, visite El modo de bautismo.

La Cena del Señor es una ordenanza para el pueblo de Dios muy hermosa, pero también muy solemne, en la cual recuerdan la muerte de su Salvador sentándose a Su mesa donde comen del pan que representa Su cuerpo partido y beben del vino que representa Su sangre derramada. Es más que una conmemoración; es un medio por el cual el Señor nutre las almas de Su pueblo espiritualmente. La Cena del Señor se celebra una o dos veces al año en el contexto de las temporadas de comunión, donde se hacen servicios de jueves a lunes antes y después de sentarse a la mesa del Señor (lo cual se hace en la mañana del Día del Señor). 

La adoración no debe ser litúrgica

Si bien la adoración debe hacerse en orden, no debe ser litúrgica. La oración debe ser extemporánea, no leída a partir de un formulario de palabras. Las Escrituras no piden que la congregación emita respuestas, como en una letanía. Usar un libro de oración para la adoración contradice la promesa de que el Espíritu Santo nos auxilia en la adoración. Si bien “qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos”, la solución no es recitar nuestras oraciones usando un libro, sino depender de la ayuda del Espíritu Santo: “Y asimismo también el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades” (Ro 8:26). 

La adoración no debe ser “carismática”

Una gran parte del cristianismo evangélico asimiló la idea de que las señales de los dones sobrenaturales del Nuevo Testamento aún se manifiestan en nuestros días, comenzando por la iglesia pentecostal a principios del siglo veinte y esparciéndose a través de muchas denominaciones desde 1960 en adelante. Nosotros repudiamos esto junto con el resto del protestantismo histórico. Esos dones carismáticos del Espíritu Santo, incluyendo el don de lenguas, fueron dados para propósitos específicos en un tiempo en específico, el cual cesó cuando se completó el canon de las Sagradas Escrituras.  El poder del Espíritu Santo todavía es absolutamente necesario, pues solo Él es el Autor de la regeneración, el Consolador y el Santificador del pueblo de Dios. Sin Sus obras no habría bendición espiritual. Pero los dones carismáticos cesaron. Si desea saber más, visite Los dones cesaron. 

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