Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia

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Home » Acerca de » Qué defendemos » El Sábado » ¿Cómo debe guardarse el Sábado?

¿Cómo debe guardarse el Sábado?

Llamando al Sábado un deleite

Una de las distinciones más nobles de Escocia—pasar bien los sábados—ahora está en la víspera de perderse por completo. (…) Los antiguos monumentos, que guardaron durante tanto tiempo el sábado cristiano, por así decirlo, dentro de un cerco sagrado y que comúnmente se tenían como establecidos por la misma mano de Dios, están en proceso de ser desmantelados y desechados como estorbos. (…) Tal día ya no existe en la opinión de una gran porción de la comunidad.

Así escribió Patrick Fairbairn en 1842. Ahora, en 2023, el proceso de desmantelar la institución nacional de la observancia del Sábado es, a todos los efectos y propósitos, total. Excepto en secciones pequeñas y nada influyentes de la comunidad.

Se presta muy poca atención a la actividad persistente de los enemigos de la Ley santa de Dios. Aun así, debemos darnos cuenta cuán completa ha sido la victoria en la batalla contra el Sábado—en las áreas de compras, apuestas, entretenimiento y deportes, por ejemplo—tanto así que la ley escasamente reconoce el Sábado como el Día del Señor. Los violadores militantes del Sábado presentan la alegación de que la mayoría desea que las restricciones de viaje en Sábado sean quitadas, pero la falsa suposición detrás de su argumento es que los principios democráticos tienen más autoridad que Dios, que nos manda: 

“Te acordarás del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó” (Ex 20:8-11).

Los procedimientos democráticos siempre deben sujetarse a la Ley de Dios. Los hombres consideran muy poco que guardar el Sábado es la piedra angular de la sociedad, porque es la piedra angular de la Ley moral y los Diez Mandamientos. Si se quita esto, todo el carácter moral de un individuo o una comunidad está en peligro de colapsar. ¿El estado presente de la sociedad no evidencia esto claramente?

¿Cómo debe llamarse el día que Dios reclamó como Suyo a diferencia de los demás?

Es llamado el Sábado porque el cuarto mandamiento así lo regula. Es llamado el Día del Señor para señalar el gozoso evento histórico que ahora conmemora: La resurrección del Señor Jesucristo.

¿Quién debe guardar el Sábado?

Algunos dicen que el cuarto mandamiento era solo una institución judía que no nos concierne en el Nuevo Testamento. El Dr. John Kennedy dijo que el “tributo que [el cuarto mandamiento] demanda ciertamente debe darse siempre a Dios”. Se podría argumentar que algunos mandamientos, como el quinto, tienen un “tono judío”, porque este incluye el motivo para la obediencia: “Para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Pero el cuarto mandamiento no tiene ese “tono judío”. Además, Pablo afirma la vigencia perpetua del quinto mandamiento al decir que “es [no era] el primer mandamiento con promesa”. También argumenta que si Dios en Sub bondad dio el Sábado al hombre como una bendición, entonces decir que ahora Dios quitó el beneficio del reposo del Sábado sugeriría un cambio en la bondad de Dios. Dice: 

“Cristo nos dice expresamente que ‘el Sábado fue hecho por causa del hombre’, no solo por causa del judío. Había un Sábado mucho antes de que hubiera un judío. Los hombres, en todas partes y en todo momento, lo necesitan; los hombres de todas las naciones se congregan para observarlo; y todos los que lo desprecian actúan no solo neciamente, sino también impíamente”. 

Las cabezas de familia y de naciones, las autoridades civiles y los empleados tienen una obligación particular de acordarse del Sábado. No solo deben guardar el Sábado, sino también asegurarse tanto como sea posible de que lo guarden aquellos que están bajo su responsabilidad. El padre de familia tiene una responsabilidad con los hijos, los siervos y los extranjeros que están dentro de sus puertas. Las demandas de los violadores del Sábado dentro de nuestros hogares deben ser resistidas firmemente. No hay razón de avergonzarse de la Ley del Rey de reyes. Nuestro fundamento es un fundamento cierto, el fundamento del violador del Sábado es muy incierto, moralmente, espiritualmente e intelectualmente. Deben resistirse las demandas imperiosas del comercio turístico, pero especialmente dentro de nuestras puertas. Los turistas en nuestras casas son extranjeros dentro de nuestras puertas. Los que visitan nuestras casas, ya sea que estén pagando o no, deben ser cordialmente informados de cómo se guarda el Sábado allí.

¿Qué se exige en el cuarto mandamiento? 

“El cuarto mandamiento exige conservar santo para Dios los tiempos que él ha señalado en su Palabra, y expresamente un día entero de cada siete, para dedicarlo a Dios como santo descanso” (Catecismo menor, R. 58). “El [Sábado cristiano] debe ser santificado mediante un santo descanso durante todo este día, aún de aquellos trabajos y recreaciones cotidianos que son lícitos en los demás días; y utilizando todo aquel tiempo para los ejercicios públicos y privados de la adoración a Dios, salvo la parte de dicho tiempo que se dedique a las obras de necesidad y misericordia” (Catecismo menor, R. 60). 

El divino puritano Thomas Vincent, escribió una explicación del Catecismo menor que encontró una amplia aprobación entre ministros piadosos en sus días. Una de sus preguntas es: “¿No podemos realizar los trabajos de nuestros llamados particulares en los Sábados que no pueden hacerse bien o provechosamente en otros días de la semana?” El responde: 

“Hay algunos trabajos en nuestros llamados particulares que parece que no pueden hacerse bien o provechosamente en otros días de la semana y aun así, nuestro deber es reposar de ellos, tales como: Cazar animales para prepararlos para el mercado del lunes, la labranza, la siembra, la cosecha de maíz, la elaboración del heno mientras el sol brilla y hace buen tiempo, vender frutas o cualquier otra mercancía en Sábado cuando se ajusta más a ellos, vender o comprar pescado este día, que en el calor olería mal si se guarda hasta el lunes”. 

Debemos abstenernos de estos y otros empleos terrenales similares en virtud de este mandamiento. Cualquier pérdida podamos sostener por esta abstinencia, debe estar seguro de que no es comparable con la pérdida del favor de Dios, con herir la conciencia y con perder nuestras almas para siempre, lo cual es la consecuencia de vivir en violación a la Ley de Dios. (…) Si debemos abstenernos de tales obras el Sábado, mucho más debe ser con aquellos empleos de nuestros llamados particulares que puedan hacerse tanto en los días de semana como en Sábado. “En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban lagares en el sábado, y que acarreaban haces y cargaban asnos, y también vino, uvas, e higos y toda clase de carga, y lo traían a Jerusalén en el día del sábado; y los amonesté en el día que vendían las provisiones. También habitaban en ella tirios que traían pescado y toda mercadería, y vendían en el sábado a los hijos de Judá en Jerusalén. Y reprendí a los señores de Judá, y les dije: ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día del sábado? ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado?” (Neh 13:15-18).

¿Qué lugar hay para las obras de necesidad y misericordia? Vincent expresa la enseñanza bíblica de la siguiente manera: 

Las obras que Dios nos permite hacer el Sábado, además de lo que nos manda en primera instancia, son las obras de necesidad y misericordia, tales como comer, beber, defendernos de nuestros enemigos, apagar incendios, visitar a los enfermos, aliviar a los pobres, alimentar al ganado y cosas similares; en todas estas actividades no debemos estar considerándonos a nosotros mismos mayormente o nuestra ventaja temporal, sino ser tan espirituales como podamos en ellas. “En aquel tiempo iba Jesús por los sembrados en sábado; y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas y a comer. Y viéndolo los fariseos, le dijeron: He aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado. Y él les dijo: ¿No habéis leído qué hizo David, cuando tuvieron hambre él y los que con él estaban” (Mt 12:1-3). “Mas si supierais qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes” (Mt 12:7). “Le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros que tenga una oveja, y si cayere esta en un hoyo en sábado, no le eche mano y la saque? Pues, ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que es lícito hacer bien en los sábados” (Mt 12:10-12). “Mas respondiendo el principal de la sinagoga, enojado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed curados, y no en sábado. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, ¿no desata cada uno de vosotros en sábado su buey o su asno del pesebre, y lo lleva a beber? Y a esta que es hija de Abraham, a la que, he aquí, Satanás la había atado dieciocho años, ¿no se la debía desatar de esta atadura en sábado?” (Lc 13:14-16). 

¿No podemos recrearnos el Sábado? Vincent responde:

Podemos y debemos recrear nuestras mentes el Sábado en la adoración a Dios, pues estamos obligados a llamar y hacer del Sábado nuestro deleite en cuanto a esto. Pero debemos evitar recrear nuestras mentes con deleites carnales, tanto en palabras como en hechos, lo cual podemos hacer en otros días; y con más razón debemos evitar recrear nuestros cuerpos en deportes y pasatiempos, incluso después de que termine la adoración a Dios. “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicia, santo de Jehová, glorioso, y lo venerares, no haciendo tus caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra y te daré a comer la heredad de Jacob, tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado” (Is 58:13-14).

¿Cuál es el deber de los que están bajo sus empleadores o padres? Vincent da la siguiente respuesta: 

Aunque recae sobre los padres o patrones el pecado de mandar a sus hijos o siervos a trabajar o a romper el Sábado de cualquier otra manera, aun así, el deber de sus hijos y siervos es desobedecerlos independientemente de la pérdida temporal que pierdan como consecuencia, pues están obligados a obedecer al Dios del cielo antes que a cualquier hombre en la tierra. 

Estos principios también pueden aplicarse a aquellos cuyas circunstancias son tales que no pueden evitar vivir con personas que violan el Sábado. 

Hay dos reglas simples para la observancia del Sábado. 

  1. Pregúntese, ¿es necesario? Si no lo es, entonces no ofenda a Dios haciéndolo. Si es necesario y no puede hacerse antes del sábado o después de él—alimentar a los animales, por ejemplo—entonces debe hacerse. 
  2. Pregúntese,  ¿es un acto de misericordia? Si alivia al miserable, ¿podría hacerse tan efectivamente en otro día?

Debemos aplicar estas preguntas a cada pensamiento, palabra y hecho. Limpiar nuestros zapatos, lavar la ropa, escribir cartas, hacer tareas académicas, todo esto puede hacerse otros días y, por lo tanto, no deben hacerse en el Día del Señor.

El Sábado es un día de descanso espiritual

Como nuestro gobernador moral, Dios tiene el derecho de exigir obediencia a este mandamiento. Pero hizo la observancia del Sábado un deleite. Tomás Watson, otro expositor fiel de la Palabra de Dios, dijo: 

“Para animarlos a santificar el Sábado, piensen en las grandes bendiciones que Dios ha prometido a aquellos que observan estrictamente este día en Isaías 58:14. (1) Una promesa de gozo: ‘Entonces te deleitarás en Jehová’. Deleitarse en Dios es tanto un deber como una recompensa. En este texto hay una recompensa: ‘Entonces te deleitarás en Jehová’; como si Dios hubiera dicho, ‘si guardas el Sábado conscientemente, te daré lo que te llena de deleite; si lo guardas voluntariamente, haré que lo guardes gozosamente. Te daré estos ensanchamientos en el deber y ese consuelo interno que te satisfará abundantemente; tu alma se desbordará con un rio de gozo de tal manera que dirás: Señor, en guardar el Sábado hay gran galardón’. (2) De honor: ‘Y yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra’; es decir, te elevaré en honor. (3) Del cielo y la tierra. ‘Y te daré a comer la heredad de Jacob’; es decir, te alimentaré con todas las delicias de Canaán y luego te llevaré al cielo, de lo cual Canaán era solo un tipo”. 

Otra promesa es: “Bienaventurado el hombre que hace esto y el hijo del hombre que lo abraza, que guarda el sábado de profanarlo” (Is 56:2) Bienaventurado el hombre. En hebreo es bienaventuranza. Aquel que guarda el sábado tiene bienaventuranza sobre bienaventuranza, será bendecido con las fuentes de arriba y las de abajo; su nombre, propiedad, alma y descendencia serán benditas. ¿Quién no guardaría el Sábado de profanarlo si tendrá tantas bendiciones con ella y su posteridad? Una vez más, guardar conscientemente el Sábado prepara el corazón para servir a Dios toda la semana. Cristiano, mientras más santo seas en el Sábado, más santo serás en la semana que le sigue. 

¿Cómo debe observarse el Sábado?

Vincent habla primero de santificar el Sábado: 

“Los ejercicios públicos de adoración a Dios, como escuchar la Palabra, la oración, recibir el sacramento, cantar los salmos, en las asambleas públicas del pueblo de Dios. “Y sucederá que (…) de sábado en sábado, vendrá toda carne a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Is 66:23). “Y vino a Nazaret, donde se había criado; y el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lc 4:16). “Y el primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente, y alargó el discurso hasta la medianoche” (Hch 20:7). “Salmo. Cántico para el día del sábado” (Sal 92: título) (…) 

Debemos ejercer los ejercicios públicos de la adoración a Dios en el Sábado: (1) Con sinceridad, con un respeto íntegro por el honor y la gloria de Dios, cuyo día es el Sábado. “Si (…) al sábado llamares delicia, santo de Jehová, glorioso, y lo venerares” (Is 58:13). (2) Con reverencia en mente y cuerpo. “Cuando vayas a la casa de Dios, guarda tu pie” (Ec 5:1). “Mas a aquel miraré: al que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra” (Is 66:2). (3) Con diligencia y atención. “Y un día de reposo salimos fuera de la ciudad, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura, de la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió su corazón para que estuviera atenta a lo que Pablo decía” (Hch 16:13-14). (4) Con amor y fervor de espíritu. “Fervientes en espíritu; sirviendo al Señor” (Ro 12:11). (5) Con deleite y gozo. “Y al sábado llamares delicia” (Is 58:13).

Vincent también habla de prepararse para la adoración el Sábado: 

(1) Debemos recordar, antes de que llegue el día, santificarlo terminando nuestros quehaceres y trabajos los días de semana y a tiempo para cesar de ellos al final de la noche del sábado, esforzándonos por hacer que nuestros corazones estén listos para los santos deberes del Sábado cristiano. (2) En la mañana del Sábado, debemos comenzar nuestro día con Dios, meditando santamente en las obras de la creación de Dios y en especial en las obras de la redención que fueron completadas por la resurrección de Cristo en este día. Debemos leer las Escrituras y otros libros buenos, si nos da tiempo, para prepararnos más apropiadamente para nuestra adoración pública y solemne. En especial, debemos orar en secreto y en familia pidiendo que la presencia de Dios esté en Sus ordenanzas y que Dios ayude a Sus ministros, que son Su boca para nosotros, y nosotros a Él; que nos ayude a realizar nuestros deberes públicos sinceramente y afablemente, para que obtengamos más conocimiento, experiencia y mortificación, grados más altos de gracia y más comunión con Dios. Luego: (…) al terminar los ejercicios públicos de adoración a Dios, la obra del Sábado no se ha acabado; debemos retirarnos con nuestras familias (no buscar placer en los campos o en vanas compañías) y repetir lo que oímos, catequizar e instruir a los niños y a los siervos, cantar los salmos, orar con nuestras familias y si bien tomamos un refrigerio moderado, debemos hablar de las cosas de Dios. También debemos tomar tiempo en la noche para estar en privado y allí examinar la actitud de nuestro corazón delante de Dios en el día; esforzarnos por meditar para que la Palabra tenga más efecto en nuestros corazones; debemos esforzarnos por derramar nuestros corazones delante de Dios en la oración privada, confesando con humildad nuestro pecado, pidiendo perdón y mayores suministros de gracia fervientemente y con fe, y dando gracias y adorando a Dios por todas Sus misericordias, en especial por Su Hijo Jesucristo, y los privilegios del Evangelio que tenemos en y a través de Él. En esa variedad de santos ejercicios podemos pasar el Sábado entero, que debemos alargar tanto como podamos. Cuando termine el día, debemos anhelar el Sábado celestial, que nunca tendrá fin.

Este fue el estándar de observancia del Sábado establecido por los piadosos de generaciones pasadas. Creemos que este es el estándar de observancia del Sábado establecido por la Palabra de Dios. Por lo tanto, es el estándar que nos esforzamos por conseguir hoy en día. 

[Este artículo fue escrito por los miembros del comité de Observancia del Sábado de la iglesia].

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