Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia

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La declaración del sínodo en cuanto a ir a la iglesia usando el transporte público el Sábado

[Esta declaración fue aprobada en la reunión del sínodo en 1928].

A la luz de ciertos comentarios que se han recibido con relación a su actitud hacia el asunto de ir a la iglesia usando el transporte público en Sábado, el sínodo considera conveniente emitir la siguiente declaración en cuanto al tema:

I. Al aprobar las distintas resoluciones que tienen que ver con la observancia del Sábado en diferentes ocasiones los pasados años, lo que ha impulsado al sínodo es una consideración por el carácter sagrado del Día del Señor, como lo muestra la Palabra de Dios; por un sentido del deber y la responsabilidad, delegada sobre la Iglesia cristiana en conexión con esto; por temor de la amenaza cada vez mayor contra el bienestar social y religioso de la comunidad en general que proviene de los males de la recreación, los negocios y las labores ilícitos en Sábado.

II. Si bien, no condenamos ni prohibimos de ninguna manera el uso de transporte mecánico en el Día del Señor, cuando su propósito y modo de empleo va de acuerdo con el espíritu del Sábado y de acuerdo con la jurisprudencia de la Palabra de Dios, no obstante, el sínodo, denuncia enfáticamente como pecaminoso y censurable, no solo por los hombres, sino por Dios, la práctica de hacer funcionar estos transportes en Sábado por razones de conveniencia terrenal o carnal y en términos esencialmente motivados por el lucro. Bajo esta descripción, el sínodo incluye los servicios, que pueden contratarse ordinariamente, de tren, tranvía y automóviles que funcionan el Sábado. Debe ser muy aparente a todos los que sostienen la interpretación bíblica de la ley del Sábado como la expresa, por ejemplo, el Catecismo Menor, que tales servicios, al ofrecerse en una completa desconsideración del carácter de, y a costa de, lo sagrado, constituye una violación flagrante del cuarto mandamiento. 

III. Siendo esta su perspectiva, el sínodo además sostiene que, naturalmente, permitiendo su uso en casos extremos de necesidad y misericordia, nadie puede hacer uso lícito de estos servicios, sea para asistir a la iglesia o cualquier otro propósito. Cualquier individuo que lo emplee incurre en aportar una contribución moral y material que apoya lo malo, haciéndolo parte de lo mismo e involucrándolo en la culpa que esto conlleva. Considerando esto y para defender el testimonio contra la violación del Sábado, el sínodo aprobó una resolución que, en efecto, excluye de los privilegios de la Iglesia a aquellos que usan de esta manera el transporte público el Día del Señor.

IV. Algunos individuos responsables en la iglesia, objetaron en contra de esta acción del sínodo, sosteniendo que, si bien esta práctica no debe incentivarse, aun así, no es necesariamente pecaminosa y no es razón para negar la membresía de la iglesia. 

V. Uno de los argumentos principales a favor de esta afirmación es, en esencia, que un motivo correcto por parte del viajero hace legítimo el uso del transporte público y el pago de sus tarifas en Sábado. Se cita el famoso juicio de Pablo sobre el asunto de comer lo sacrificado a los ídolos como autoridad. Con respecto a este argumento, y refutando el mismo, el sínodo diría lo siguiente: 

(1) Hay una diferencia muy fundamental en principio entre el caso con el cual el apóstol Pablo trató y el caso con el cual trata la resolución del sínodo. En el caso anterior, la pregunta tenía que ver con comer lo sacrificado a los ídolos–en otras palabras, el uso de aquello que, en relación con otro asunto, fue abusado. El apóstol, se podría decir que casi naturalmente, no veía nada malo en comer esas carnes, siempre y cuando no ofendiera la conciencia de los demás. El juicio ciertamente habría sido materialmente diferente si se hubiera convocado al apóstol para que tratara con cristianos que se hubiesen involucrado directamente en idolatría, llevando la carne para hacer la ofrenda, permitiendo el servicio y ayudado en su realización. La resolución del sínodo está tratando con un caso como este. Esta resolución, que conste, no condena de ninguna manera el uso legítimo del transporte público que se haya usado ilegítimamente en Sábado. Al no condenarlo, no se desvía del principio de libertad cristiana declarada por el apóstol en lo que respecta a la controversia de «las carnes», un principio que, por cierto, por ser tan único, requiere un manejo muy cuidadoso. Sin embargo, declara, en efecto, que es pecaminoso y que amerita que no se dé membresía al que participe del empleo ilegítimo del transporte público en Sábado en el espíritu de lo que dice el apóstol en aquel pasaje: «Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros seáis partícipes de los demonios. No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis ser partícipes de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios» (1 Co 10:20-21). 

Pero incluso si los casos no fueran diferentes, a efectos de argumentación, y el juicio del apóstol Pablo en cuanto a la controversia de «las carnes» aplicara de la misma forma al planteamiento que aquí se discute, el argumento de la declaración del sínodo no pierde nada, como lo demostrará un examen cuidadoso de todos los hechos del caso. La libertad del cristiano corintio de aceptar la invitación de un idólatra a comer la carne que se ponía delante de él solo era condicional.  En sumisión al hecho de que otros también tenían conciencias, aunque no en todos estaba ese conocimiento, no debía preguntar al anfitrión sobre la carne, ‘porque del Señor es la tierra y su plenitud’, y le concernía si había sido ofrecida a los ídolos o no, pues para él un ídolo no era nada. Sin embargo, si el anfitrión le decía que fue sacrificada a los ídolos y ahora era un asunto de conocimiento común que había sido ofrecida a los ídolos, entonces ya no tenía libertad para comerla, no, debía abstenerse, (i) por causa de la conciencia del idólatra que, si la comía, naturalmente concluiría que para el invitado cristiano no había nada malo con la idolatría; y (ii) por causa de la conciencia del hermano débil por quien Cristo murió. Considerando esto último, el apóstol caracteriza el mero acto de sentarse a comer en el templo de un ídolo como algo que puede ofender a un hermano, y como un pecado, en este caso, contra el hermano y contra Cristo. Ahora bien, en el caso del transporte público que funciona en Sábado, se sabe, sin que nadie lo diga, que funcionan en sacrificio a Mamón. Según el juicio que el apóstol estableció, por lo tanto, no se está en mera libertad, sino obligado a no usarlo por causa de su propia conciencia y la de aquellos para los cuales esto sería de tropiezo. 

(2) Es incorrecto y peligroso afirmar que un motivo correcto hace legítima una acción y dejar el asunto ahí (lo cual es igual a decir que el fin justifica los medios). Algunas acciones son notablemente incorrectas en su contenido, dirección o modo y siguen siéndolo a pesar de los motivos. Tomemos las apuestas como ejemplo. Es incorrecto. No puede justificarse bajo ningún motivo, ni siquiera el caso de un hombre que apuesta con el motivo de dar todo lo que ganó, así sean miles de libras, a una causa religiosa o de caridad. Lo mismo aplica al pago de tarifas en conexión a viajar en transporte público el Sábado. Nuevamente, es incorrecto porque es en sí mismo, y lo afirma, nada más y nada menos, que un negocio terrenal «de semana», que funciona en sus rutas «semanales» y que hace transacciones en el día santo de Dios, en el cual “reclama como suyo de manera especial”—Es incorrecto de parte del beneficiario, por un lado, porque no considera lo que prohíbe cuarto mandamiento, ya sea implícita o expresamente, y, por otro lado, porque continúa trabajando en el Día del Señor con los mismos fines mercantiles, bajo las mismas condiciones laborales y los mismos términos de contrato que legítima y necesariamente emplea los otros seis días de los cuales Dios dijo: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra”. También es incorrecto de parte del que contrata el servicio porque, siendo quien contrata, al beneficiarse de este servicio y pagando la tarifa estipulada, voluntariamente admite felizmente, en la mayoría de los casos, estos fines mercantiles y acepta estos términos y condiciones. Ninguna cantidad de razones pueden hacer que eso sea correcto. Se dijo que el apóstol Pablo se mencionó como autoridad en conexión a la perspectiva con la cual se está tratando ahora. Nótese la vehemencia con la cual se desasocia de esta conexión en Romanos 3:8 «(como somos calumniados, y como algunos afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? La condenación de los tales es justa». 

VI. Algunos han argumentado que viajar a la iglesia en Sábado, tranvías, etc., cuando ningún otro medio está disponible y donde la distancia imposibilita caminar, está bajo la categoría de obras de necesidad y misericordia y, por lo tanto, no es ilegítimo en esencia. El sínodo no puede aceptar esta perspectiva por las siguientes razones: 

(1) Como bien se dijo: «Ir a la iglesia no puede considerarse de ninguna manera como una obra de necesidad, mientras que se reconozca la alternativa de quedarse en casa». El sínodo reconoce esta alternativa cuando la alternativa es apropiadamente admisible y solo entonces. Lo reconocen en circunstancias tales como, cuando el estado de salud imposibilita que una persona asista a la iglesia y, nuevamente, cuando el deber al prójimo o incluso a un animal hace moralmente imperativo el quedarse en casa. En cuanto al caso en cuestión, cuando las circunstancias, tanto morales como físicas, se combinan y hacen imposible que alguien vaya a la iglesia—circunstancias que por un lado, están relacionadas con la providencia inescrutable de Dios, y por el otro, con Su gloria—cuando se está a una distancia que no se puede caminar y solo se puede ir a la iglesia empleando un transporte público en la condición virtual solo de depositar unas monedas en la caja del mundo, y con Naamán, adorar en el templo de Rimón, (o, para ser exactos, en el templo de Mamón), antes de acercarse, si es que llega, al templo de Dios—en ese caso, el sínodo sostiene que ese hombre, no solo puede, sino que debe quedarse en casa o dar cuentas delante de Dios. 

(2) En cuanto a las obras de misericordia, la opinión del sínodo es que no debe decirse mucho para demostrar que este argumento está a favor, no de permitir y de continuar, sino de abolir para siempre, la práctica de viajar en Sábado usando el transporte público, y la cantidad de trabajo en Sábado que involucra. En efecto, es un acto de misericordia poder ir a la iglesia legítimamente (pero de ninguna otra forma). Es una misericordia llevar al prójimo pecador, incluso si eso requiere que uno se quede en casa, sustituyendo la adoración pública por la privada. Lo primero constituye misericordia recibida y la otra, misericordia conferida. No necesitamos hablar de cuál de estas dos es relevante para el asunto en cuestión. Es suficiente decir, y ciertamente todos los presbiterianos leales al menos dirán con nosotros, que sería una gran obra de misericordia si el público que viaja, incluyendo a los que van a la iglesia, de Gran Bretaña, de América y del mundo, estuvieran de acuerdo en viajar en transporte público solo en días de semana, y al abstenerse de viajar en Sábado, hacer libres de las ataduras del trabajo ilícito y de la trampa de las ganancias deshonestas a cientos, miles y  tal vez millones, en total, de sus desafortunados prójimos para que puedan poseer los privilegios de ese día en siete y para que disfruten de su descanso, el cual la ley natural exige de todos por igual y que es provisto por la Ley de Dios, y así, al menos en este punto, disuadirlos de arruinar sus almas por la eternidad.

VII. Habiendo presentado hasta ahora el caso de la resolución en cuestión, completamente basado en sus propios méritos, ante todos los involucrados y especialmente ante aquellos de nuestro propio pueblo que lo han cuestionado, el Sínodo espera sinceramente haber dejado bastante claro que, al haber tomado la medida que se tomó, simplemente cumplió con su deber. Tiene la confianza, por lo tanto, de que todos aquellos que se han sometido a su jurisdicción eclesiástica reconocerán que es su deber aceptar el principio y someterse a la norma que representa la resolución, evitando así todo abuso de los medios de transporte público en Sábado en el futuro. Esto puede parecer, en algunos casos, una dificultad en la medida en que les impide a algunos adorar en las condiciones a las que estaban acostumbrados anteriormente. Sin embargo, el Sínodo cree que al final esto será una dificultad solo en apariencia; que su dificultad se verá superada por la fuerza de la fe y la fidelidad; y que las compensaciones de obedecer a la verdad y preservar una conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia los hombres son más que suficientes para compensar cualquier cantidad de aparente comodidad que se haya dejado de lado y cualquier inconveniente sufrido. ‘Entonces no sería yo avergonzado, al considerar todos tus mandamientos’.

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