Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia

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¿Qué hay sobre utilizar el transporte público para llegar a la iglesia los sábados?

La Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia parece ser la única que se opone al uso del transporte público los sábados o Día del Señor. Incluso aquellos que no están de acuerdo con el transporte público los domingos encuentran difícil estar de acuerdo con la Iglesia presbiteriana libre cuando impide que aquellos que lo utilizan participen en el bautismo y la Cena del Señor, especialmente si solo lo utilizan para asistir a la adoración pública.

Algunos consideran la postura de la Iglesia presbiteriana libre como extrema e idiosincrásica, separándolos innecesariamente del resto del mundo cristiano. Sin embargo, no se dan cuenta de que esta postura no solo está respaldada por las Escrituras, sino que también era la perspectiva de hombres piadosos del pasado. Por lo tanto, una posición clara sobre este asunto no es algo nuevo o único. Además de las resoluciones de los tribunales eclesiásticos, ministros importantes del pasado como Samuel Miller en Estados Unidos, J.C. Ryle en Inglaterra y Robert Murray M’Cheyne, James Begg y John Kennedy de Dingwall en Escocia, se opusieron firmemente al uso del transporte público los sábados. Sin embargo, incluso si nadie está de acuerdo con nosotros, debemos seguir las Escrituras. Algo que se dijo en otro contexto se aplica aquí: «El que no esté dispuesto a unirse a la minoría de uno solo contra una mayoría de millones en su contra, no mantendrá una conciencia limpia en relación al Día del Señor» (William Plumer).

Históricamente, la Iglesia ha considerado la profanación de lucrarse en el Día del Señor como una violación del cuarto mandamiento. Se ha visto como un pecado, al igual que era pecado para los judíos profanar el templo del Señor al lucrar con el cambio de monedas. Alrededor de 1640, la Iglesia de Escocia aprobó actos en contra de aquellos que trabajaban los sábados y procedió a disciplinar a los amos que permitían que sus siervos trabajaran ese día.

El asunto central es si el uso del transporte público que opera con fines comerciales los sábados es una violación del cuarto mandamiento, incluso si solo se utiliza para asistir a la adoración pública.

El transporte público los sábados es claramente contrario al cuarto mandamiento, que nos prohíbe hacer que otros trabajen para nosotros en ese día.

Un mandato claro del cuarto mandamiento es que no podemos emplear a alguien más o pedirles que trabajen el Sábado: “Mas el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas” (Ex 20:10).

El uso del transporte público en el Sábado está en contra de las Escrituras porque es una transacción comercial que toma lugar el Sábado y requiere que alguien trabaje para un propósito que no es misericordia o necesidad. El viajero está contratando al transportista y al conductor y, por lo tanto, está empleando a alguien el Sábado. Como lo pone Tomás Boston, el cuarto mandamiento prohíbe “toda labor o servicio que resulte en ganancias terrenales”. 

Usar el transporte el Sábado es: 

Incorrecto de parte del beneficiario, por un lado, porque no considera lo que prohíbe cuarto mandamiento, ya sea implícita o expresamente, y, por otro lado, porque continúa trabajando en el Día del Señor con los mismos fines mercantiles, bajo las mismas condiciones laborales y los mismos términos de contrato que legítima y necesariamente emplea los otros seis días de los cuales Dios dijo: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra”. También es incorrecto de parte del que contrata el servicio porque, siendo quien contrata, al beneficiarse de este servicio y pagando la tarifa estipulada, voluntariamente admite felizmente, en la mayoría de los casos, estos fines mercantiles y acepta estos términos y condiciones. Ninguna cantidad de razones pueden hacer que eso sea correcto. (Statement in Reference to Church-going by Public Conveyances on the Sabbath [Declaración con respecto a la asistencia a la iglesia utilizando el transporte público el Sábado], sínodo de la Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia, 1928).

Está muy claro que el viajero que paga no puede quedar sin culpa al usar este transporte.  La declaración del sínodo afirma:

Cualquier individuo que lo emplee incurre en aportar una contribución moral y material que apoya lo malo, haciéndolo parte de lo mismo e involucrándolo en la culpa que esto conlleva.

Si rehuimos de las aplicaciones difíciles del cuarto mandamiento, la consistencia de todo nuestro criterio sería socavada y animaría a las personas a buscar vacíos legales donde quieran encontrarlos. ¿Hasta qué punto se debe llevar esta pregunta abierta? ¿Se pasaría por alto también tomar un vuelo el sábado (un servicio prestado por una aerolínea comercial) para asistir o quizá para dirigir la adoración corporativa?

¿Cómo puede el consistorio impedir que los conductores, operadores y propietarios del transporte público que funcionan el sábado participen del bautismo o la Cena del Señor, y al mismo tiempo admitir a quienes los emplean para asistir a la adoración corporativa?

Si se permite una forma de empleo en el ámbito de la ganancia terrenal, entonces, para ser consistentes, ningún tipo de empleo realizado el Día del Señor puede convertirse en un asunto de disciplina. Al llegar a ese punto, sería fútil y contradictorio mantener cualquier testimonio contra cualquier violación del sábado.

Algunos se refugian en el argumento de que no viajarían en el transporte público, pero no condenan a quienes lo hacen. Esto es, como lo dijo el ministro presbiteriano libre Neil Cameron, una forma de sofisma:

La Palabra de Dios dice: “Ciertamente reprenderás a tu prójimo y no participarás de su pecado”. El significado real de tal argumento es que el sínodo debería consentir que las personas hagan lo que ellos (es decir, los sofistas) en sus conciencias sienten que es pecado. Si esto es así, ¿por qué dicen ellos mismos que jamás lo harían? Estos argumentos carecen de solidez alguna frente a los términos del cuarto mandamiento, tanto en integridad como en consistencia.

Algunos dicen que la posición de la Iglesia presbiteriana libre es dura, en que imposibilita que algunas personas puedan asistir a los medios públicos de la gracia a expensas del bien de sus almas. Se pueden dar diferentes respuestas a esto. Esto puede incluir que se muden de la localidad donde viven. Puede incluir que, como se hace a menudo entre nosotros, otras personas de la congregación los lleven diligentemente a la iglesia de ida y vuelta en sus transportes particulares. Puede involucrar que, como se hace en otros lugares, la congregación invierta en un vehículo que busque y lleve a las personas.

Pero si no se encuentra una solución práctica, el fin nunca puede justificar los medios. Usar el transporte público que funciona para fines lucrativos en desconsideración sistemática del Día del Señor es pecado. ¿Diremos “Hagamos males para que vengan bienes?” (Ro 3:8)? ¡Cuando se dijo que Pablo hacía esto, él lo consideró calumnia! Nunca debemos hacer el mal bajo ninguna circunstancia, no importa el bien que esperamos cosechar de eso. Es bueno estar en el medio de gracia público, ¡pero no podemos esperar cosechar ningún bien del mismo si cometemos el mal de violar el sábado para asistir! El veredicto del sínodo además dice:

“Esto puede parecer, en algunos casos, una dificultad en la medida en que les impide a algunos adorar en las condiciones a las que estaban acostumbrados anteriormente. Sin embargo, el Sínodo cree que al final esto será una dificultad solo en apariencia; que su dificultad se verá superada por la fuerza de la fe y la fidelidad; y que las compensaciones de obedecer a la verdad y preservar una conciencia libre de ofensa hacia Dios y hacia los hombres son más que suficientes para compensar cualquier cantidad de aparente comodidad que se haya dejado de lado y cualquier inconveniente sufrido. ‘Entonces no sería yo avergonzado, al considerar todos tus mandamientos’”.

Este asunto se discutió en la década de 1920 hasta 1930, cuando una congregación, junto con su ministro y un aprendiz, dejaron la Iglesia presbiteriana libre protestando en contra de la decisión del sínodo. Se puede encontrar el relato de la controversia en el capítulo 11 de History of the Free Presbyterian Church of Scotland 1893-1970 (Historia de la Iglesia Presbiteriana Libre de Escocia 1893-1970), y se puede ver en este sitio en el siguiente enlace. La declaración completa del sínodo se puede encontrar aquí.

Matthew A. Vogan

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